Quién está en línea

Hay 74 invitados y ningún miembro en línea

Algunas personas nacieron para hablar en público. Desde el momento en el que toman la palabra, sabes que son oradores natos, seres con especial talento para expresar de manera clara y elocuente sus ideas. Pero para quienes no tienen ese don, el enfrentarse a un auditorio puede resultar aterrador. Recuerdo, por ejemplo, a un amigo médico que podía mantener la calma en situaciones en las que cualquiera de nosotros caería en una crisis nerviosa, pero le costaba tanto trabajo dictar una conferencia que los días previos padecía arcadas e insomnio. Para aminorar el estrés, redactar previamente lo que se va a decir puede ser de gran ayuda o, en muchos casos, la única salida.

Hace poco tiempo encontré en el armario de mi antigua habitación una caja llena de papeles. Siempre he tenido la afición de guardar todo aquello que me parece significativo:desde los recados que furtivamente llegaban a mí en medio de la clase de matemáticas, hasta el palito de la paleta de limón que me regaló mi primer amor imposible. Cuando tomo esos objetos entre mis manos algo me posee: vuelvo a ver con ilusión el palito de la paleta y siento temor de ser descubierta leyendo “Pepito y Ana son novios”.

No sabía que esa manía de acumular objetos como anclas fuese herencia de mi madre; en la misteriosa caja encontré recados míos, escritos con letras gigantes cuando era una chiquilla. Muchos de ellos eran simples “te qiero”, en otros pedía disculpas por “habercon testado feo” o por “haberle pegado a mi hermano”. Creo que desde entonces intuía que las palabras tenían el extraño poder de curar, por lo menos a uno mismo.

Si buscas en Google vas a encontrar infinidad de blogs y sitios web en los que te ofrecen la receta infalible para escribir un correo electrónico formal o semi-formal. Aunque no lo creas, esos “paso a paso” pueden ser muy útiles. Hoy por hoy, la escritura se ha vuelto el medio por el cual nos comunicamos a diario con amigos o familiares que viven al otro lado del país, pero también con nuestro jefe, con clientes (o posibles clientes), proveedores y demás.

Hace poco, me vi en la necesidad de solicitar cotizaciones para una fiesta con 200 invitados. No nada más me di cuenta de mi incapacidad para organizar cualquier clase de evento al que asistan más de veinte personas, también descubrí que muy pocas empresas prestan atención a la manera en la que redactan sus correos electrónicos. No se trata únicamente de cuestiones de ortografía o puntuación (me queda claro que no todo el mundo tiene que ser un súper experto), sino también de contenido. Pensando en eso, te dejo una lista de cinco cosas que debes evitar al escribir un correo electrónico relacionado con asuntos de trabajo.

El otro día comentaba con un amigo y una amiga, mientras tomábamos una botella de agua después de la presentación de una novela (sí, las presentaciones ya no son lo que eran. Antes podías encontrar alguna que ofreciera un simpático vino y algunos canapés, hoy te puedes conformar con el agua), sobre las innumerables posibilidades que se le abrían a la autora de la misma, ahora que había conseguido publicar con una editorial “grande”.

No te voy a engañar. Yo lo dudé.

No porque la editorial no fuera de las denominadas “grandes”, que lo es, sino porque a día de hoy el éxito y la permanencia en la misma no lo concede la grandeza de la editorial, sino la posibilidad de “ruido” que tú le ofrezcas a esa empresa.

Aparecen ante ti como las opciones de tocar las nubes. Mientras sean opciones y no te quedes allí…todo bien.

Esta semana, mientras preparaba el programa de ayer por la noche para la radio, me di cuenta de que sigue habiendo muchas dudas respecto a las diferencias que existen entre las distintas formas de publicación.

Sí, aunque no te lo creas, muchas personas no conocen las diferencias entre:

  • Edición tradicional
  • Autoedición
  • Coedición


¿Qué se necesita?


Principalmente, tener claro qué es lo que quieres.

Me dirás:

“Yo lo que quiero es publicar mi libro”.

Sí, pero ¿Has pensado de qué manera lo quieres hacer? ¿con quien? ¿dónde quieres llegar?

“Al mayor número de gente posible”

Claro, pero eso no te lo garantiza ninguna de las opciones anteriores.

Dentro de tus elecciones, el resultado final dependerá siempre de ti, salvo que en el caso de la edición tradicional lo único sobre lo que no podrás decidir, es que decidan apostar por tu novela en su catálogo de publicaciones.

Para ello, ya te hablé en su momento como podías ponerte en contacto con ellas para tratar de seducirles con tu arte y obtener una respuesta positiva de su parte. Lo hice aquí: Cómo dar con el editor adecuado para tu novela.

No te voy a abrumar en esta entrada contándote qué es cada una de ellas porque para eso en la red tienes muchas que lo hacen estupendamente. Yo te voy a aconsejar esta de Mariana de Eguaras, que es muy completa para que puedas ampliar tu conocimiento al respecto de este tema.