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Hablemos de las cartas a la antigua. Por alguna razón soy aficionada a ellas. Hace poco me contactó un amigo de la infancia y me mostró algunas fotografías de cartas que escribí entonces. No es el primero que lo hace y me sorprende que desde niña tuviera esa necesidad de franquear la distancia. De lidiar con la ausencia a través de las palabras.

            A diferencia de los correos electrónicos, las cartas -así como las conocíamos- tienen una estructura y, para mí, un lenguaje que las distingue. Por eso, por si alguien quiere sumarse al club escribidor de cartas, dejo aquí algunas de las cosas que yo jamás dejaré de poner en las cartas.



1. La fecha, el lugar y la hora

Ahora la fecha aparece en el correo electrónico, lo sé. Pero para mí no hay comparación. En una carta, la fecha forma parte del texto. Lo encabeza. Habla de la importancia del tiempo. Del momento mismo en el que uno decidió hacer evidente el silencio del otro. Muchas personas acostumbran también poner el lugar desde donde escriben y la hora precisa en que lo hacen. He recibido cartas que incluso indican las diferentes fechas y horas en las que la carta fue tomando forma. Para mí es como saber que en realidad la lejanía no es tal, que en pequeños momentos del día -por la noche o en los descansos de trabajo- nuestro ausente nos ha llevado a sí sin que lo sepamos.

2. El saludo

Hay, por supuesto, diez mil fórmulas de saludo que permanecen vigentes en los correos electrónicos. “Estimado…”, “Querida…”. Incluso en el siglo XIX eran muy requeridos los manuales para escribir cartas “como debe ser”. Ahí aparecían listas de saludos corteses, adecuados, amables. Pero no hay nada mejor que los saludos personales. Esos que pertenecen al escribidor y al lector ausente. Pienso, por ejemplo, en las cartas de Juan Rulfo a Clara, encabezadas por un “chiquilla” o “muchachita” que, por más cursi que al resto del mundo le parezca, sólo les pertenece a ambos.

3. La posdata

La posdata me parece una de las cosas más hermosas que existen sobre la faz. Originalmente, era imposible añadir información después de escrita la carta. Por tanto, posdata indica que lo escrito se ha colocado después de la fecha que aparece en el encabezado. Para mí se trata de un recordatorio de que la carta ha sido pensada, ha sido releída, y que el pensamiento continúa dispuesto a salvar la ausencia más allá del momento de la escritura.



            Reglas que siempre han de romperse



1. Sobre la fecha

A diferencia de como aparecen en los correos, la tradición dicta que en las cartas las fechas deben escribirse con números y letras. Por ejemplo, 10 de enero de 1989 (una de las fechas que más recuerdo) o 20 de abril de 1978. Muchas veces, los escribidores de cartas solemos agregar la ciudad. Aunque en los oficios es cosa común abreviar el estado (Tampico, Tamps.), en las cartas es posible no ahorrarse esas cinco letras.

2. Sobre el saludo

Si después del saludo se han utilizado los dos puntos (:) no es necesario iniciar la frase que le sigue con mayúsculas. Por ejemplo: “Querida Beatriz: lamento escribir hasta ahora”.

3. Sobre las posdatas

A diferencia de lo que ocurre con los nombres de estados, la palabra posdata generalmente aparece abreviada (P.D.) al final del texto.

Escrito por Nidia Cuan