Quién está en línea

Hay 42 invitados y ningún miembro en línea

Algunas personas nacieron para hablar en público. Desde el momento en el que toman la palabra, sabes que son oradores natos, seres con especial talento para expresar de manera clara y elocuente sus ideas. Pero para quienes no tienen ese don, el enfrentarse a un auditorio puede resultar aterrador. Recuerdo, por ejemplo, a un amigo médico que podía mantener la calma en situaciones en las que cualquiera de nosotros caería en una crisis nerviosa, pero le costaba tanto trabajo dictar una conferencia que los días previos padecía arcadas e insomnio. Para aminorar el estrés, redactar previamente lo que se va a decir puede ser de gran ayuda o, en muchos casos, la única salida.


1. Investiga

En primer lugar debes sentirte seguro respecto al tema del que vas a hablar. Para escribir, el primer paso es pensar qué es lo que dirás. Lo lógico es que si te han pedido dar una charla sobre algo es porque conoces el tema; de no ser así, tómate el tiempo de investigar, toma notas sobre aquello que consideres más importante y repásalas.


2. Conoce a tu público

Una vez que te sientas cómodo con la información que posees, piensa en tu auditorio. No es lo mismo dar una plática para tus colegas o compañeros que para personas ajenas a tu área, tampoco puedes dirigirte igual a un salón lleno de adolescentes y a un pequeño grupo de universitarios. Conocer a tu auditorio te permitirá definir qué necesitan saber, qué esperan de la charla y elegir el tono y lenguaje adecuados para tu texto; además, sabrás qué tanto debes profundizar en tal o cual aspecto de acuerdo con su nivel de conocimiento previo del tema.


3. Haz un esquema

Para este momento el objetivo de tu discurso ya debe estar claro. De acuerdo con lo que te has propuesto transmitir, escribe una lista de los puntos que has de tratar. Lo más común es que el discurso vaya in crescendo, es decir, que comience con lo menos relevante y termine con lo más significativo. Como consejo, divide las ideas principales de las ideas secundarias.

Los esquemas son muy útiles en tanto te ayudan a darle un orden lógico al discurso. Intenta hacer uno lo más detallado posible; mientras más trabajes en él, más fácil te será comenzar a redactar.


4. Redacta frases cortas

La expresión escrita es muy diferente de la expresión oral. De acuerdo con las circunstancias, tú decidirás si es posible leer tal cual el texto que has redactado o servirá sólo como una guía que te dará mayor seguridad al momento de pararte frente al público. Si es posible leer y has decidido hacerlo, trata de escribir frases cortas. A diferencia de la lengua escrita, donde es posible echar mano de frases más complejas sin detrimento en la atención del lector, en la lengua oral, las frases demasiado largas suelen confundir a los escuchas y favorecen la distracción (o el sopor).


5. Enfatiza la información importante y emplea conectores

Si en la lengua escrita no es usual repetir lo que ya se ha escrito, en la lengua oral es indispensable. El habla es efímera. Si una persona, por la razón que sea, no escuchó o no entendió lo que dijiste, lo más seguro es que se pierda y el resto de la charla se dedique a otros menesteres (hacer dibujitos, navegar en la red). Para evitar esto, al momento de redactar emplea conectores que favorezcan la transición de una idea a otra, retoma información de la que ya has hablado y repite, sin abusar, las ideas principales. También es recomendable dirigirte de manera directa al auditorio con cierta frecuencia.


6. Escribe una buena introducción

Esta es una regla de oro. Para captar de inmediato la atención de los escuchas (y también de los lectores, cuando es el caso) es imprescindible comenzar con el pie derecho. Puedes, por ejemplo, iniciar el texto con una anécdota que provoque la empatía de tu auditorio, con una pregunta que despierte curiosidad, un dilema o, si lo crees conveniente, con una broma. Trata de que la introducción sea breve y explica en corto en qué consistirá tu charla y por qué es útil.


7. Ejemplifica

Si ya lograste captar la atención de tus escuchas, no te confíes. A lo largo del desarrollo, que es la parte en la que expondrás de manera detallada el tema y tus argumentos, ejemplifica lo que dices a través de situaciones cotidianas o que pienses que pueden ser familiares para tu auditorio. La idea es que establezcas una conexión con los oyentes. Para lograrlo, si te es más sencillo, puedes escribir en el esquema un ejemplo o anécdota adecuada para cada uno de los puntos que vas a exponer.


8. Sé amable

En un texto, la amabilidad se refleja de muy diversas formas. En primer lugar, en la concisión. Esto dependerá mucho del tiempo que te hayan asignado para hablar, pero por regla general es mejor no extenderse demasiado para dar tiempo a que el público interactúe contigo y que no sientan que tu discurso es un verdadero Lexotán a la yugular. Ve directo al grano.

Por otro lado, un texto es amable cuando es claro y ameno. Es un factor importante que destines los párrafos necesarios a explicar conceptos difíciles de comprender y que emplees, en la medida de lo posible, palabras conocidas por todos.


9. Trabaja en la conclusión

En realidad, si has redactado un esquema la conclusión no tendría por qué hacerte sudar. Se supone que desde el principio sabías a dónde ibas a llegar. De cualquier forma, asegúrate de que tu conclusión resuma los puntos más importantes de lo que has expuesto. Límpiala de paja. Como sugerencia puedes cerrar con una cita breve, preguntando algo al auditorio o avivando su interés en el tema que has tratado.


10. Relee

En general, al escribir un texto siempre es importante releerlo; aún más cuando el texto está destinado a ser leído en voz alta. Para asegurarte de que sea claro, conciso, ameno y ordenado, puedes pedirle a alguien de confianza que te escuche. Al momento de la lectura, pídele que identifique palabras que “suenan” mal (cacofonías), pero también si en algún momento siente que se pierde, si le faltan datos para comprender cierto punto, si los ejemplos que has puesto contribuyen a entender mejor o, por el contrario, distraen. Pídele también que te diga si se siente aburrido o cansado y si considera que la charla llenó sus expectativas. Si es necesario, haz los cambios pertinentes.

Escrito por Nidia Cuan.